
Me agarro los años de niña y los ato a un lado con una goma de pelo.
A la izquierda sujeto con una horquilla desde los quince hasta los dieciséis.
Los diecisiete los aplasto con gomina.
Los dieciocho los trenzo de raíz y los sujeto a los veintitrés.
A partir de ahí me dejo el pelo suelto.
Ahora puedo vivir la vida.
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